
A juzgar por éxitos como Tadeo Jones 2, el secreto del rey Midas, podríamos pensar que el cine de animación español goza de una salud excelente. Sin embargo, no es todo tan deslumbrante: sus profesionales tienen que luchar contra los inconvenientes de una industria cuyos proyectos no gozan de continuidad, que está a merced de las preferencias de un público que decide qué quiere ver, y cuyos inversores no quieren fracasos de taquilla.
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