Según refleja un estudio del Observatorio Industrial de la Construcción, el sector está atravesando «un progresivo y alarmante envejecimiento». No en vano, sus trabajadores mayores de 40 años en 2008 eran un 41%, y hoy representan un 65%.
Por ello, el ladrillo tiene ante sí un importante reto: atraer a los jóvenes, tarea que resulta complicada por la falta de atractivo que tiene el sector para ellos: por una parte, la construcción se concibe como un trabajo inestasble e inseguro; por otra, hay muy pocos profesionales a pie de obra con cualificación profesional oficial.