Tradicionalmente, la acreditación de los conocimientos adquiridos mediante títulos o diplomas venían siendo para las empresas la mejor prueba de que los candidatos poseían las habilidades que estas demandaban. Pero eso ha cambiado. El mercado laboral avanza muy rápidamente y el hecho de poseer un título no significa que se vaya a ser capaz de realizar un determinado trabajo.
¿Significa esto que haya perdido importancia la formación? Más bien todo lo contrario: cada vez más, los trabajadores tienen que formarse continuamente para hacer valer unos conocimientos actualizados, resultando así realmente competitivos y atractivos a las empresas.

