La celebración de la segunda jornada de Future Makers ha sentado en la mesa del emprendimiento disruptivo la experiencia de 4 emprendedores que se arriesgan por introducir novedades significativas en el mercado, modelos de negocio innovadores y escalables, enfocándose en la creación de nuevas tendencias con visión de futuro. Este foro recoge testimonios de jóvenes que han dejado estudios, empleos estables o planes convencionales para centrarse en una sola idea: una empresa emergente, un proyecto artístico, un negocio propio o una carrera deportiva. Aunque algunos han tenido éxito, otros reconocen el coste emocional, económico y psicológico de esta apuesta radical.
Protagonizan la faceta emprendedora en el evento: Pablo Sánchez, ingeniero impulsor de la ONG Medical Open World, que crea tecnología médica accesible como IncuNest, una incubadora low cost que ya ha salvado más de 4.500 vidas. Lupina Iturriaga, CEO y fundadora de Fintonic con más de 4,5 millones de usuarios. José Luis Cáceres, Chief Brand Officer de Bit2Me. Paula Babiano, cambia radicalmente el mundo de la abogacía por su pasión por la pastelería en Balbisiana (160 empleados).
A diferencia de generaciones anteriores, más enfocadas en la estabilidad laboral y la progresión gradual, estos jóvenes priorizan la intensidad, la vocación y el sentido personal del trabajo. Prefieren fracasar habiendo dado el máximo antes que convivir con la sensación de no haberlo intentado.
Esta actitud está muy influida por varios factores:
-. Un mercado laboral precario y cambiante, que ha reducido el atractivo de la carrera profesional tradicional.
-. El impacto de las redes sociales, que visibilizan historias de éxito rápido y refuerzan la idea de “todo o nada”.
-. Un contexto económico que dificulta el acceso a vivienda y estabilidad, lo que empuja a asumir riesgos mayores desde edades tempranas.
-. Una mayor búsqueda de propósito, identidad y coherencia personal en el trabajo.
Finalmente, se plantea una reflexión crítica, puesto que esta mentalidad puede ser una fuente de innovación y energía, pero también conlleva fragilidad. Apostarlo todo a una sola carta aumenta el riesgo de frustración, agotamiento y exclusión si el proyecto no sale adelante, en un sistema que ofrece pocas segundas oportunidades. La frase “mejor el fracaso que la duda permanente” resume claramente esta filosofía.