En la que el eminente profesor del Instituto de Massachusetts (MIT) Erik Brynjolfsson denominó «la carrera contra la máquina» se enfrentan dos contrincantes. Por un lado, las tecnologías inteligentes, robots y sistemas que automatizan trabajos que antes hacían los humanos y que prometen -como los temidos coches autoconducidos- acabar con millones de empleos, e incluso con industrias enteras. A ellas se suman programas informáticos y asistentes virtuales que realizan tareas administrativas que antes realizaba alguien de carne y hueso, y algoritmos matemáticos que tuitean o que seleccionan y hasta componen noticias. Por otra parte, en esta «carrera contra la máquina» proliferan nuevos mercados; negocios digitales con costes de producción cercanos a cero y modelos económicos como la economía bajo demanda, la economía colaborativa o la llamada economía Kickstarter que, a través de microinversiones, ha provisto de miles de millones de euros para financiación a empresas y emprendedores. Junto a ellos, un creciente movimiento maker de artesanos digitales crea sus propios trabajos bajo la consigna del «hazlo tú mismo». El resultado de la pugna es incierto. ¿Cuál será el impacto de los esfuerzos de automatización, multiplicado muchas veces en diferentes sectores de la economía? ¿Podemos esperar mejoras en la productividad, una liberación de los trabajos más aburridos y mejor calidad de vida? ¿Debemos temer el fin del empleo, transformaciones radicales en las organizaciones y tensiones en el tejido social?
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empleo, formación y orientación laboral