Por las características de la economía española -tan minifundista-, y por nuestro carácter marcadamente individualista, hemos sido básicamente un país de empresarios de uno mismo. El problema, pues, no es que falten emprendedores. El problema es que esos proyectos unipersonales casi nunca sobreviven más de cinco o 10 años, y en muy raras ocasiones acaban escalando para convertirse en empresas de cierta entidad.
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empleo, formación y orientación laboral