La reactivación del empleo en las postrimerías de la crisis está dejando a las mujeres en la cuneta de la precariedad. En España, una de cada tres ocupadas está con una jornada parcial (33,4%), un porcentaje que es casi cuatro veces superior al que de los hombres, donde un 8,6% de ocupados trabaja jornadas de menos de 40 horas a la semana. La aceptación de un empleo a tiempo parcial conlleva no solo la penalización salarial, sino también un menor acceso a la protección social.
La precariedad vía parcialidad es un fenómeno en auge en los últimos años que se está feminizando. Mientras los contratos firmados por hombres a tiempo parcial han subido un punto y medio porcentual entre 2008 y 2015 (Desde 7,2%), los contratos parciales firmados por mujeres han subido más de cuatro puntos porcentuales (desde 29,3%) en ese mismo tiempo.
La fría mañana de la víspera del 8 de marzo —día que se conmemora la lucha por la igualdad de la mujer trabajadora— la oficina del paro en el distrito de Ventas, en Madrid, es un ir y venir de mujeres. A las diez menos cuarto de la mañana tiene su cita María José Molano, que ha venido hoy a arreglar los papeles de su primer empleo después de tres años en paro por un ERE que puso fin a 26 años de trabajo en una entidad financiera.
Molano celebra que ha conseguido un trabajo en la primera entrevista que ha tenido en un año de búsqueda activa de empleo. Eso sí, es un contrato a tiempo parcial. El puesto que ocupará a partir de ahora como telefonista en una aseguradora es para una jornada de cinco horas, en turnos de mañana y de tarde, con un sueldo de 600 euros al mes y un contrato «hasta fin de obra», que ella calcula que durará aproximadamente un año.
«Por supuesto que hubiera preferido una jornada de ocho horas. Tengo tres hijos a mi cargo, de 13,12 y 7 años. Pero eso no me lo han ofrecido», dice Molano a su salida de la oficina del servicio de empleo. «Entre el comedor y el desayuno de los niños, voy a cobrar lo mismo, o menos, que con el subsidio, pero tengo que reengancharme como sea al mercado laboral», explica. En su opinión, las mujeres siguen teniendo más dificultades que los hombres para encontrar trabajo de calidad. «Ven que eres mujer y tienes tres hijos y ya suponen que tienes un montón de obligaciones. Así es imposible».
«Desgraciadamente, todavía hoy a las mujeres se las contrata menos y cuando se las contrata se hace para puestos de más corta duración y peor calidad», reconoce Almudena Fontecha, delegada de la mujer en UGT. Este sindicato ha publicado un informe coincidiendo con la efeméride del día de la mujer trabajadora en el que se destaca que el 60% de las ocupadas con un contrato parcial declaran que hubieran preferido, como es el caso de María José Molano, un trabajo a jornada completa.
Por su parte, el motivo principal que alegan las mujeres que aceptan estos contratos voluntariamente, asumiendo incluso degradaciones de su cualificación profesional, son las responsabilidades familiares. El 12% de las mujeres con trabajo parcial lo hace para cuidar a hijos o dependientes. Solo el 1,6% de los hombres con trabajo parcial lo aceptó para cuidar de los suyos.
La temporalidad también es mayor en ellas que en ellos. De las mujeres ocupadas, el 22,5% tienen contratos temporales (con fecha de finalización); mientras que el porcentaje de los hombres es del 20,2%.
Actualmente, en España la cola del paro es más femenina que masculina. En febrero pasado, según los últimos datos de paro registrados hechos públicos había 1.891.473 hombres parados frente a 2.261.513 mujeres paradas. En la última Encuesta de Población Activa (EPA), del cuarto trimestre de 2015, la tasa de desempleo de ellas se sitúa en el 22,52%, frente al 19,49% en el caso de ellos.
«Casi una de cada cuatro mujeres en España es una parada, pero se sigue considerando un problema masculino», se lamenta la delegada de mujer de UGT, Almudena Fontecha.
La explicación que dan los expertos a la feminización del paro español es que inicialmente la crisis golpeó a sectores dominados por los hombres y las mujeres inactivas buscaron trabajo para completar el ingreso del hogar. Sin embargo, durante una segunda fase de la crisis, las medidas de austeridad han dado lugar a la congelación de puestos de trabajo en el sector público, eminentemente femenino, afectando el paro más a las mujeres, describe un informe de la Organización Internacional del Trabajo.
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