Poco a poco nos iremos adentrando en un mundo laboral hasta el momento desconocido. Los conceptos clásicos de estabilidad, fidelidad o promoción adquieren nuevas dimensiones, pues cambian las empresas, los jefes, los empleados y la forma de trabajar. Compañeros y jefes ya no tendrán por qué compartir un mismo lugar de trabajo. No valdrán los sistemas de reclutamiento que se realizan hasta ahora, ni las formas de búsqueda de empleo tradicionales. Hasta la forma de retribuir los servicios será distinta.
En este contexto surgirán conflictos éticos y legales inéditos. Se hace necesario responder a este mercado laboral deslocalizado, colaborativo, flexible, que cambia día a día, con una nueva gestión de los recursos humanos, y con una regulación que debe ir haciéndose eco de las nuevas realidades.