La tecnología permite encontrar soluciones al reto climático, aprovechar mejor los recursos naturales y reducir las emisiones de gases efecto invernadero con el fin de ralentizar el cambio climático. Por ello, han aparecido diferentes aportaciones y son más frecuentes los encuentros donde los agentes sociales, los políticos, las empresas emergentes y los entes públicos reflexionan sobre la necesidad de ser más sostenibles y buscar alternativas. La creación de redes nacionales e internacionales ayuda a impulsar la difusión de estas incitativas.
En los diferentes eventos sobre cómo abordar el cambio climático se cuestiona la necesidad de cambiar de los ego-sistemas a los eco-sistemas. Nos afecta a nivel mundial, por lo que la cooperación es fundamental entre gobiernos, comunidades, industria y centros de investigación, ya que juntos desarrollarán estrategias de sostenibilidad con el objetivo de crear unas medidas apoyadas por la tecnología.
La tecnología ha realizado muchos cambios en las ciudades con el objetivo de que sean más sostenibles y reduzcan el impacto medioambiental. Así mismo, ha afectado a los procesos de producción, a las cadenas de distribución y a replantear modelos empresariales. En concreto, en la agricultura, se ha mejorado el rendimiento por hectárea de los cultivos, reduciendo un 40 % la utilización de productos fitosanitarios.
Hoy en día, las decisiones de negocio no tienen que escoger entre las ganancias o ser más ecológicos, ya que pueden ir juntas y existe la posibilidad de crear un equilibrio entre ambas.
Por último, como área de mejora, hay que tener en cuenta que la IA (Inteligencia Artificial) consume muchos recursos energéticos, materiales y agua, por lo que la propia tecnología debe ser más eficiente y no servir para optimizar la industria marrón. Nos debemos asegurar que nos ayude a mejorar la salud del planeta y que no la obstaculice.